Una historia para el siglo XXI Punto # 9 de noviembre 29, 2007

Una historia para el siglo XXI

Luis Recillas Enecoiz

                      “Un pueblo que no conoce su verdadera historia, no solo esta condenado a repetir sus errores, sino que no es un pueblo.”

                                                           Antonio Gala (historiador español)

            Ahora que estamos iniciando los festejos de los centenarios históricos mexicanos: Centenario del inicio de la Revolución Mexicana y Bicentenario del inicio de la Independencia. Con una comisión creada ex profeso y puesta bajo la dirección de Rafael Tovar y Teresa, quien ya mostró dotes de liderazgo dentro de las élites intelectuales del país al dirigir el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) durante los sexenios de Salinas de Gortari y Zedillo, es primordial recuperar un mínimo de crítica hacia nuestra historia. Ojala que Tovar y Teresa aglutine para las efemérides del 2010 todas las interpretaciones y tendencias que conforman la pluralidad de puntos de vista que conformar nuestra historiografía y no solamente la oficial de libro de texto gratuito.

Clío, musa de la Historia

Clío, musa de la Historia (Instituto de Investigaciónes Estéticas de la UNAM)

            Ya la Universidad Nacional Autónoma de México inicio los festejos centenarios a través del Instituto de Investigaciones Históricas al publicar un par de volúmenes que incluyen las ponencias presentadas durante el Coloquio del Bicentenario que se llevo a cabo durante marzo. Aunque el precio de la obra es prohibitivo para el 99% de los mexicanos es digno de alabo el contenido, pero eso es harina de otro costal. Al grano: la historia oficial y la enseñanza de la historia en las escuelas han distorsionado los acontecimientos, fomentado el caudillismo y hecho apología de la violencia, todo lo cual va en contra del ejercicio crítico y reflexivo que implica la democracia. Por ello se hace necesaria una revisión que se proponga destacar valores como la paz, el diálogo y el entendimiento.

            Lo que nos falta dentro de nuestra endeble democracia es acercarnos a nuestra historia con un espíritu crítico y racional, no con un afán reivindicatorio. Entre las múltiples cuestiones que permita a nuestra ciudadanía llegar a la madurez es requerimiento sine qua non iniciar una revisión sobre qué y cómo enseñamos nuestra historia. Nuestra historia está llena de gestas heroicas que implican siempre sangre, asonadas, golpes de estado, guerras y batallas. Nuestra historia esta repleta de violencia; pocas veces hemos plasmado la paz como una gesta heroica que merezca cupo en la historiografía nacional.       

            Ejemplos sobran; ahí están la guerra de Independencia, la de Reforma y la Revolución de 1910, por mencionar los tres momentos más emblemáticos de nuestra historia patria. En segundo lugar pero no muy lejos de las gestas antes mencionadas encontramos la guerra de 1847 contra los Estados Unidos, la guerra de castas en Yucatán y la docena de pronunciamientos, asonadas, planes y demás ínclitos momentos que nos han marcado hasta la fecha, pero eso sí, todos llenos de sangre y violencia.

            Ya durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y siendo secretario de educación pública Ernesto Zedillo Ponce de León se trataron de reformar los programas de historia en los planes educativos de la SEP, pero no pasó la propuesta por la cerrazón del sindicato  magisterial, siendo que historiadores de la talla de Enrique Florescano, Lorenzo Meyer y Héctor Aguilar Camín estuvieron detrás de la reforma.   

            Nuestra historia promueve el separatismo no la integración. Nos han condicionado a dudar de todo aquello que provenga del extranjero. Nuestro himno nos remite al “extraño enemigo”, el inglés es “lengua extranjera” (supongo que el español ya se hablaba antes de la llegada de los españoles). Nuestra historia distorsiona y hasta omite pasajes que nos avergüenzan. La omisión y el ocultamiento no ayudan a ser mayores de edad. Todo país tiene eventos de los cuales no se siente muy orgulloso y no por ello es aceptable borrarlos o tergiversarlos. Imaginemos a un joven alemán cursando el Gimnasium, el equivalente a la prepa en México, y que en su clase de historia se salten o maticen el período nazi (1933-1945). 

            A punto de celebrar efemérides centenarias en el país, dos siglos del inicio de nuestra Independencia y un siglo de la Revolución, es menester hacer una lectura más acorde con los tiempos que estamos viviendo. En un mundo globalizado y sumamente competitivo debemos imbuir en nuestra juventud una visión de nuestro pasado  donde la democracia este presente, aunque sea implícitamente. 

            ¿Por qué no mostramos la historia de una forma lúdica? Un acercamiento al fenómeno histórico desde un punto de vista literario o cinematográfico sería maravilloso. Propongo que hagamos leer a nuestros alumnos algunas novelas históricas. Entre las propuestas literarias podríamos incluir las siguientes:

  •   Noticias del Imperio de Fernando del Paso
  •    El atentado, Los pasos de López y Los relámpagos de agosto   de  Jorge Ibargüengoitia
  •     Las trampas de la fe de Octavio Paz
  •     El águila y la serpiente y La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán
  •      Moctezuma II de Sergio Magaña
  •      Los recuerdos del porvenir de Elena Garro
  •      Su alteza serenísima de Ireneo Paz
  •      Crónicas de la intervención de Juan García Ponce
  •      Los de abajo de Mariano Azuela
  •     El seductor de la patria de Enrique Serna 

            Por otro lado, también podemos utilizar la cinematografía para acercar a nuestra juventud a la historia. Nuestro cine ha sido prolífico en temas históricos. Un cine club itinerante que mostrara películas con temática histórica podría incluir: 

  1. El automóvil gris (1919) de Enrique Rosas
  2. El compadre Mendoza (1933) y Vámonos con Pancho Villa (1935) de Fernando de Fuentes
  3. Frida, naturaleza viva (1983) y Reed, México insurgente (1970) de Paul Leduc
  4. Janitzio (1934) de Carlos Navarro
  5. Canoa (1975) de Felipe Cazals
  6. La sombra del caudillo (1960) de Julio Bracho
  7. La cucaracha (1958) de Ismael Rodríguez
  8. México de mis recuerdos (1948) de Juan Bustillo Oro
  9. Memorias de un mexicano (1950) de Carmen Toscano
  10. Como agua para chocolate (1992) de Alfonso Arau
  11. El grito (1968) de Leobardo López Aretche
  12. Cabeza de Vaca (1990) de Nicolás Echevarría 

            Tanto las lecturas propuestas como la asistencia a las proyecciones  tendrían necesidad de una orientación o al menos una introducción al tema. ¿No serían los profesores los más adecuados para ésta tarea?

derchak54@yahoo.com.mx

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