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La censura contra Gabriel García Márquez Punto # 100 de octubre 22, 2009

22 octubre, 2009

Esta semana el Milenio Semanal le dedica varios artículos al debate que se ha iniciado a raíz de la cancelación del financiamiento para llevar a la pantalla la última novela de Gabriel García Márquez, Memorias de mis putas tristes

Varios artículos tienen como eje toral el debate suscitado en las postreras semanas: inicia con una entrevista a Lydia Cacho hecha por Diego Enrique Osorno; sigue un escrito de Rogelio Villareal que analiza acertadamente los términos de la polémica; continúa una enumeración sobre la censura por Laura Cortés; y termina con un aleccionador ensayito de Julio Ortega sobre sexo y literatura.

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Gabriel García Márquez con Cien años de soledad como sombrero

Ahora bien, en la entrevista con Lydia Cacho, ésta se sale por la tangente cuando a la pregunta “¿Qué otras obras literarias o artísticas te parecen cuestionables desde tu punto de vista por hacer apología de la pederastia? Por ejemplo, en Arráncame la vida – película que contó con fondos del gobierno de Puebla – un general cincuentón desvirga a una joven quinceañera.”  La respuesta: “Esta es una pregunta tramposa y para responderla escribiré un ensayo en forma…”, me parece que dista mucho de ser congruente con el episodio que están escenificando y del que todos los medios han dado cuenta, salvo Televisa, que en su noticiero estrella con López Dóriga no ha mencionado la controversia, siendo que su empresa es una de las que produciría la cinta. Probablemente no lo mencionan porque el vocablo putas es imposible de emitir, no vaya a ser que las mentes retrogradas y conservadores de la extrema derecha aglutinadas en diversas asociaciones de corte fascistoide tal como la Unión Nacional de Padres de Familia se asusten de ello. Recordemos el bochornoso episodio de Abascal orillando a que una maestra del colegio de su hija fuera corrida por incluir la lectura de Aura de Carlos Fuentes en el programa de literatura. 

Varias voces se han alzado contra la censura a priori de un guión que pocos han leído, pero del que todos tienen algo que opinar. Censurar lo inexistente me invita a ingresar al mundo kafkiano de El castillo o El proceso. Me resulta incongruente censurar una obra inexistente y todavía peor querer acusar penalmente al escritor colombiano, al guionista, el francés Jean-Claude Carrière  y al director del filme, el danés Henning Carlsen “por el delito de apología de la prostitución infantil y la corrupción de menores”. La ONG detrás del aberrante hecho es la Coalición Regional conta el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe que preside Teresa Ulloa. Tanto Ulloa como Cacho insisten en que la cinta sería un catalizador de los instintos pedófilos, ya latentes en todos nosotros. 

El experimentado realizador mexicano Arturo Ripstein, responsable de cintas extraordinarias como El castillo de la pureza (1972), Profundo carmesí (1996) y El lugar sin límites (1977) recién expresó, en la Universidad de Puebla, luego de una conferencia:

La pederastia no necesita de invitaciones. La opción de una mirada como la de García Márquez es la de un artista, no la de un estimulante. Siempre es lamentable que un grupo de personas piense que los libros son nocivos. Los que comienzan quemando libros, terminan quemando gente.

 Seguir la lógica que alimenta las fantasías apriorísticas de Cacho y Ulloa nos llevaría a censurar toda obra literaria. La literatura ha sido y seguirá siendo un arte donde se desenmascara y analiza mediante la delineación de personajes lo que nos hace humanos: nos filias y fobias. Raskolnikov, el inolvidable personaje de la obra de Fiódor Dostoievski, Crimen y castigo, debería, bajo los parámetros de las dos amantes de la censura ser evitado a toda costa y las películas basadas en la obra quemadas. Sería una lástima no poder volver a disfrutar “la mejor interpretación de mi vida” según palabras del propio Peter Lorre en la versión de Josef von Sternberg de 1935. 

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Peter Lorre en Crimen y castigo (1935) de Josef von Sternberg

Pocas plumas han apoyado la cruzada de censura literaria y cinematográfica en contra de la persona, Gabriel García Márquez y la obra, Memorias de mis putas tristes. Dudo mucho que la misma fructifique. No tiene sustento lógico y por lo que he podido leer tampoco legal.

Sigo insistiendo, considerar a todo menor de 18 años como niño o niña, sin derecho alguno a ejercer su sexualidad es como tratar de tapar el sol con un dedo. Un adolescente masculino o femenino tiene perfectamente identificado su orientación sexual y comienza a masturbarse desde los 13 o 14 años, y si accede a tener relaciones con un adulto, léase alguien mayor de 18 años, está en su derecho. ¿Acaso vamos a acusar a un muchacho de 19 años de pederasta por acostarse con una adolescente de 17? Por favor seamos realistas. En ningún momento aplaudo la explotación y pornografía infantiles, es cosa seria y diferente. Y como dice Luis González de Alba en su libro Los derechos de los malos (1998):

Luis González de Alba

Luis González de Alba

…[l]a minoría de edad concierne a dos negaciones: 1. La negación a decidir sobre el empleo del propio cuerpo. 2. La negación a decidir sobre la conducción del cuerpo social. Por la segunda negación, los menores no pueden votar. Por la primera, no puede coger. 

¡Extra! ¡Extra! Nos elevan el Impuesto al Valor Agregado (IVA) 1%, pero rechazan un 2% a la pobreza. Finalmente incrementaron 1% la tasa. ¿Nos creen realmente idiotas nuestros representantes?


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